MundoVisión
Login Registrarse FAQ Miembros Buscar MundoVisión

Coleccionable

 
Publicar nuevo tema   Este tema está cerrado y no puede editar mensajes o responder    Portal » Foros de discusión » Foros De Fans » Guy Ecker
Ver tema anterior :: Ver tema siguiente  
Autor Mensaje
kendra
Administradora

Administradora


Registrado: 19 Nov 2006
Mensajes: 6482
Ubicación: En los brazos de un pirata



MensajePublicado: 12am:33' 11/02/2007    Asunto: Coleccionable Responder citando



Capítulo 1
RESUMEN DE LO PUBLICADO:La historia de amor de Verónica y Demetrio se verá ensombrecida por un trágico suicidio y un broche con la inicial “V”. El joven tendrá que descubrir si la mujer a la que tanto ama es la culpable de la muerte de su hermano.





La familia Fernández Negrete es una de las más acaudaladas de México. Verónica y Virginia se han criado rodeadas de lujos y comodidades. Las dos primas fueron adoptadas, cuando eran unas niñas, por el matrimonio formado por Sara y Teodoro Fdez. Negrete. Pese a haber crecido juntas y haber recibido la misma educación, son muy distintas la una de la otra. Verónica tiene un carácter dulce; es sincera y decidida. Sin embargo, Virginia, tras su carita de ángel, oculta un carácter perverso. La familia se completa con Juan, hijo natural del matrimonio, que no vive en la casa, ya que lleva varios años trabajando en Europa. El joven está muy bien situado en Frankfurt, Alemania, pero siente una gran nostalgia. Un día, decide a regresar a México para instalarse de nuevo en la hacienda de sus padres.
Por casualidades de la vida, un amigo suyo, Demetrio Azunsolo, le dice que él también está a punto de regresar a su país, ya que ha recibido una carta de su hermanastro, Ricardo, en la que éste le comunica que se casa.
El regreso de Juan empezará a cambiar radicalmente el curso de las cosas. Nada más enterarse de su vuelta, la perversa Virginia, que es la futura esposa de Ricardo, decide dar por terminada la relación. Su propósito está claro: pretende conquistar al heredero de los Fernández Negrete para quedarse con la fortuna de su familia adoptiva. Ella sabe muy bien cómo utilizar sus armas de mujer y comienza a tramar un plan.
Mientras tanto, Ricardo trabaja muy duro en su hacienda, situada en Pueblo Alegre. Sabe que Virginia es una mujer a la que le gusta vivir bien, así que él quiere darle todo lo mejor. Y piensa conseguirlo, ya que acaba de firmar un importante contrato por cinco años para la venta de su producción tequilera. Con la seguridad que le da tener un empleo estable y bien pagado, Ricardo está dispuesto a llevar al altar a su querida Virginia. Pero no puede imaginar que ella, a la vez, mantiene una relación secreta con Santiago y mucho menos, que le va a dejar tirado. Por eso, cuando recibe una carta de su prometida, en la que ésta se despide de él, se queda de piedra. Virginia le escribe: “A tu lado nunca me sentí mujer. Sí, estuve embarazada, pero no perdí el bebé como te había escrito; aborté. ¡Ni se te ocurra venir a aclarar nada! Tendría que mentir y tú no querrás sufrir esa humillación. Mejor felicítame: voy a casarme. Por cierto, tu dinero se perdió. No salió bien el negocio. Lo siento mucho. V”.
Poco después, Demetrio llega a México y lo primero que hace es ir a visitar a su hermanastro a la hacienda. Cuando llega allí, se lleva el mayor golpe de su vida al enterarse de que Ricardo se ha suicidado. No logra entender qué ha podido suceder para que haya decidido terminar con su vida. El padre Williams, sacerdote y buen amigo del fallecido, le pone al corriente de lo sucedido y le dice que la culpa de todo la tiene una misteriosa carta que el chico recibió de su novia. Demetrio quiere leerla y cuando lo hace no puede creer lo que allí esta escrito. Williams le comunica además que él es el heredero de todos los bienes de Ricardo.

Juan declara su amor a Verónica y la besa
Tras la ruptura, el camino está despejado para Virginia y además cuenta con la ayuda de su madre adoptiva, que hará todo lo posible para que Juan se enamore de ella. Pasados unos días, el joven llega a casa de sus padres. Todo está preparado para el encuentro, pero parece que las cosas no van a salir tal y como estaba previsto. Cuando el joven llega y conoce a Verónica, se queda deslumbrado.
Mientras, en Pueblo Alegre, Yadira, la sirvienta de Ricardo, le da a Demetrio los recuerdos que su hermano guardaba de su novia. Entre ellos hay una fotografía muy estropeada –que no le permite ver con claridad la cara de la mujer– y un broche con la inicial “V”. Antes de hacer nada, el joven quiere saber cómo se conocieron y cómo fue su noviazgo. Así, la sirvienta le cuenta que Ricardo conoció a su novia en la casa de la familia Fernández Negrete, donde trabajó durante un tiempo.
Mientras tanto, los acontecimientos se suceden en la ciudad. Juan ha sucumbido ante la belleza de Verónica y no puede ocultar sus sentimientos. Ambos jóvenes se quedan a solas y él la estrecha entre sus brazos y le confiesa que se ha enamorado perdidamente de ella. Después, la besa con pasión. Sin embargo, Verónica está muy confundida y no sabe qué hacer. Ve en Juan a un muchacho noble y muy agradable, pero no quiere engañarle, así que le dice que todo ha sucedido demasiado rápido y que necesita un poco de tiempo para pensarlo.
Demetrio, por su parte, ya ha empezado a investigar las circunstancias que rodearon la muerte de su hermanastro. De este modo, habla con el doctor Moguel, socio de Ricardo, para saber qué patrimonio tenía el fallecido, y a través de él se entera de que su hermano había ingresado dinero para su novia en una cuenta bancaria.
El broche que Ricardo tenía representaba una “V” y las hijas de los Fernández Negrete comparten la misma inicial, así que Demetrio se va a la capital para descubrir cuál de las dos chicas es la titular de la cuenta.
Sara está encantada con la vuelta de su hijo y prepara una gran fiesta para presentar a Juan ante la alta sociedad mexicana. Virginia quiere estar espléndida esa noche. Lo que ignora es que su romeo no se ha fijado precisamente en ella. Aún así, la joven le pide a Verónica el broche con su inicial para ponérselo, ya que el suyo se lo había regalado a su ex novio, Ricardo, y ahora no lo tiene en su poder.
La fiesta va a deparar muchas sorpresas. Juan ha logrado que su padre, Teodoro, le dé su beneplácito para iniciar un noviazgo con Verónica.
Por su parte, Virginia se ha dado cuenta de que hay algo entre ellos, pero eso no la detiene. Tras conseguir separar por unos instantes a Juan y a Verónica, se declara al joven, pero él la rechaza. La cosa se complica aún más cuando Demetrio hace acto de presencia en la fiesta, donde es recibido por Verónica. Inmediatamente después conoce a Virginia y observa que ésta lleva puesto un broche con la inicial “V”. Como el otro broche lo tiene él, llega a la conclusión de que la novia de su hermanastro era Verónica y decide vengarse de ella.
Esa noche, Santiago también está presente. Él es tan perverso como su amante, así que intenta seducir a Verónica para separarla de Juan y así dejarle el camino libre a Virginia. También Demetrio está empeñado en enamorar a la joven, pero su intención es bien distinta. Sin pensarlo dos veces, la besa y Verónica le responde con una bofetada aunque, en el fondo, sabe que siente algo por él.
Más tarde, Azunsolo es invitado por Juan a pasar la noche en la hacienda. A la mañana siguiente, Demetrio, Juan y Virginia viajan a Cuernavaca. Allí está Verónica, que se marchó antes para visitar a su tía Leti. Una llamada de Sara obliga a Juan y Virginia a regresar. Gracias a esto, Demetrio tiene la oportunidad de hablar con Verónica de Ricardo. Ella le promete que su hermanastro y ella sólo eran amigos.

Verónica encuentra una carta de Ricardo
Al rato, Santiago aparece en casa de la tía Leti con la excusa de que su sobrina le ha invitado. Demetrio, muy celoso, se queda de una pieza y acusa a Verónica de coquetear con todos. Después se marcha, dejándola sumida en un mar de lágrimas.
En la ciudad, acude al banco de Teodoro, para conseguir información sobre la cuenta en la que Ricardo había ingresado su dinero. Allí le informan de que esa cantidad era la misma que el joven debía haber pagado como plazo de su préstamo. Demetrio le confiesa a Teodoro que Ricardo ha muerto.
Verónica encuentra una carta de Ricardo dirigida a Virginia y se lo cuenta Demetrio. Éste se ilusiona, pensando que quizá sea Virginia y no su amada Verónica la que provocó la muerte de su hermanastro.

Capítulo 2
RESUMEN DE LO PUBLICADO: Al enterarse de que Juan, el único hijo de su padre adoptivo, regresa a México, Virginia planea conquistarle y casarse con él. Para eso rompe con Ricardo, su novio. Éste, destrozado, se suicida. Demetrio también ha decidido volver y está dispuesto a vengar la muerte de su hermanastro. Por culpa de un broche con la inicial “V” el joven cree que Verónica es la malvada novia del
difunto Ricardo. Virginia aprovecha la confusión para destruir a su prima.

[img][http://www.tele-novela.orange.es/tn/coleccio/cc3/imagenes/cc3c2a.jpg[/img]

Virginia no está dispuesta a dejarse vencer. Se ha dado cuenta de que todos le prestan más atención a su prima que a ella, así que se apresura a desprestigiarla. Así habla con Juan y le da a entender que Verónica, su adorada Verónica, tuvo un aborto en el pasado. Esta revelación deja al joven sumido en una profunda tristeza, ya que sospecha que su amada no es realmente como él creía.
Tras conocer la existencia de la carta de Ricardo que Virginia tenía escondida entre sus cosas, Demetrio encara a la muchacha para que le diga la verdad. Sin embargo lo que va a escuchar echa por tierra sus ilusiones. Lejos de alterarse, la joven pone carita de buena y le asegura que el fallecido y ella eran amigos. Le dice que Ricardo sufría muchísimo a causa de los continuos devaneos amorosos de su novia, Verónica, y que por eso le escribía, para descargar en ella su gran amargura.
Por otra parte, Juan se ha quedado helado al escuchar las acusaciones vertidas por la perversa Virginia. Aunque en esos momentos ya empieza a dudar de todo, le exige que le de alguna prueba que confirme lo que está diciendo. Ella, sin ni siquiera inmutarse, le da la dirección del doctor que supuestamente ayudó a su prima a perder ese hijo que no deseaba. Le cuenta con todo tipo de detalles que el niño que esperaba Verónica era de Ricardo y que ella no quería tenerlo porque no le amaba.
El plan de la intrigadora está dando los resultados deseados. Demetrio ha creído a pies juntillas todo lo que Virginia le ha contado y está convencido de que Verónica es la mujer de quien debe vengarse. Piensa hacerlo con crueldad y sin dejarse llevar por el corazón. El primer paso de este maquiavélico plan es lanzarse a conquistarla como si fuera un galán enamorado. Para ello, el joven contrata a un grupo mariachi y se presenta en casa de Verónica para darle una preciosa serenata nocturna.
Al oír la música, la muchacha sale al balcón y cree estar viviendo un cuento de hadas. Allí abajo está su querido Demetrio, con los músicos, gritando a los cuatro vientos cuánto la quiere. La joven no intuye que todo es una falsa apariencia que acabará haciéndola sufrir. Tras escuchar emocionada las rancheras interpretadas por los mariachi, Verónica se despide de su galán y se va a dormir. Feliz y enamorada, se acuesta recordando cada segundo de tan romántica serenata. Mientras, su prima se frota las manos al darse cuenta de que todo está saliendo como había planeado.

Gilbert se niega a falsificar el informe
En la soledad de su cuarto, Virginia se da prisa en destruir la carta de Ricardo. No quiere dejar cabos sueltos, ya que sabe que a partir de ahora cualquier cosa podría comprometerla gravemente y todos se darían cuenta de que la malvada es ella. Es consciente de que tarde o temprano Juan llamará al doctor para comprobar si la historia que ella le contó es cierta. Así pues, llama al médico por teléfono y concierta una cita para tratar de convencerle de que la ayude en sus planes.
Al día siguiente, la joven y Gilbert quedan en un conocido restaurante para hablar del tema del aborto. Sorprendentemente, cuando a penas les ha dado tiempo a sentarse, Virginia ve entrar a Demetrio y a Verónica, que han quedado para comer en el mismo establecimiento. Intenta pasar inadvertida, pero no lo consigue. Su prima enseguida se percata de su presencia y se acerca a saludarla. Es inevitable que Verónica y el médico sean presentados. Cuando la muchacha regresa a su mesa, Gilbert se da cuenta de que la intención de Virginia es que Verónica sea acusada del aborto que ella misma se hizo practicar. Eso le enfurece y se marcha de allí.
Las cosas empiezan a torcerse y hay que actuar tan rápido como sea posible. Virginia sabe que si el médico habla, todo lo que ha estado planeando durante este tiempo se irá al traste. No puede permitirlo; ha de remediarlo cueste lo que cueste. Tras mucho reflexionar, se da cuenta de que Santiago es la persona ideal y recurre a él para que la ayude a solucionarlo.
Su amante es tan malo como ella, así que acepta encantado la oportunidad de entrar en acción. De este modo podrá demostrar a Virginia cuánto la ama y que está dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. No parece entender que la muchacha le está utilizando, como hace con todo el mundo. Aún así, Santiago no pierde el tiempo. Se presenta en la consulta del médico y le asesina con sus propias manos. Después deja en su despacho un informe médico sobre el falso aborto que se le practicó a Verónica en la clínica y se marcha corriendo. El momento no podía ser más idóneo, ya que algo más tarde Juan llega a la clínica. Virginia le había dado la dirección del doctor para que éste corroborara su versión. Allí se entera de que Gilbert ha fallecido en extrañas circunstancias. Ahora ya está totalmente seguro de que Verónica y Ricardo eran novios y de que la historia sobre el hijo que nunca llegó a nacer es bien cierta. La desilusión se mezcla con un hondo dolor por descubrir que la mujer que ama es en realidad una persona dura y despiadada.
Sin embargo, la muerte del médico aún ha de aclararse. Tras conocer la lamentable noticia, Teodoro, que no acaba de entender lo que ha sucedido, encarga a un detective que intente esclarecer el caso.

Demetrio pide la mano de Verónica
Virginia está encantada de la vida. No puede pedirle más a la vida. Poco a poco los hilos que la joven maneja detrás del telón van moviendo magistralmente las marionetas de la historia de mentira y maldad que ella misma está tejiendo. Con tan sólo dos golpes magistrales ha logrado que los dos enamorados de su prima la odien de tal manera que quieren destruirle la vida. Y ella aparece como la buena de la película ante los ojos de todo el mundo. Eso la hace feliz.
Ahora que Juan por fin ha llegado a la conclusión de que Verónica es culpable de haberse deshecho del hijo que esperaba, está en una situación idónea para creerse cualquier cosa. Por ello, Virginia va a hablar con él y se hace pasar por una víctima. Acusa a su prima de ser fría y calculadora. Sin embargo, ella se presenta como una mujer sensible, a quien quieren complicarle la vida acusándola de cosas que no son ciertas. Su interpretación es magistral.
Mientras tanto, Demetrio le pide a Verónica que se case con él. La joven está enamoradísima y acepta la propuesta sin pensárselo dos veces. Aún no puede creerse que su vida esté cambiando tan rápido. En un abrir y cerrar de ojos ha pasado de ser una joven soltera, preocupada por sus cosas y su familia, a estar comprometida con un apuesto joven. No es de extrañar que en su rostro se dibuje una permanente sonrisa. Sonrisa que sin duda se ensombrecería si conociera la verdad que se esconde tras tanta felicidad. Demetrio está obsesionado con vengar la trágica muerte de su hermanastro y parece dispuesto a descargar toda su furia contra Verónica. Sin embargo, en lo más hondo de su corazón siente algo por ella y no deja de atormentarse pensando en el profundo sufrimiento que le va a causar. Son sentimientos muy contradictorios, ya que se mueve a medio camino entre el amor y el odio. Aunque sabe que podría ser muy feliz junto a Verónica, el creerla culpable de la muerte de Ricardo hace que esa relación sea imposible.

Las dos primas discuten y llegan a las manos
Teodoro quiere llegar al fondo de la cuestión y descubrir quién tenía motivos suficientes para matar al doctor. El investigador ha encontrado el falso informe sobre el aborto de Verónica en la clínica. Además, comprueba que la firma de la cuenta en la que Ricardo depositaba regularmente dinero para su novia es idéntica a la de Verónica. Indignado, el patriarca de la familia Fernández Negrete le muestra las pruebas del aborto a Juan. Éste, que ya conocía la historia, no tiene más remedio que aceptar ante su padre que se ha enamorado de la mujer equivocada.
Pero los disgustos para la joven no terminan aquí. Virginia se enfrenta con su prima en casa y dice cosas horribles de sus padres. Acusa a su tío de haber sido un sinvergüenza y a su tía de haber sido una mala mujer. Verónica escucha atónita los insultos; al final no puede contenerse y le da una fuerte bofetada. Por desgracia, Teodoro aparece en escena y ve la pelea. Su opinión de Verónica está muy deteriorada tras haber visto el falso informe del doctor, así que la reprende con dureza por atacar a su “pobre” prima.
Después aparece Demetrio en la casa para pedir al cabeza de familia de los Fernández Negrete la mano de Verónica. Teodoro acepta sin dudarlo, ya que así conseguirá apartar a su hijo de Verónica para siempre. Se equivoca, Juan no está dispuesto a darse por vencido. Sigue amando a la joven, pese a todo lo que cree saber de ella. Por eso, en plena noche, despierta a todos para ofrecerle una serenata, como ya hiciera Demetrio.
Virginia está tranquila pero no será por mucho tiempo. Las malas artes se le pueden volver en su contra enseguida. Una vez que ha quitado del medio al doctor Gilbert, Santiago se reúne con su amante y le dice que a partir de ahora están más unidos que nunca. No sólo ha cometido un crimen por ella, sino que también guarda celosamente el secreto de su aborto. Él sabe que éstas son dos armas muy poderosas para mantener a Virginia a su lado y también quiere que ella lo sepa. Por tanto, le advierte que está dispuesto a revelarle a su padre adoptivo que en realidad fue ella quien se deshizo de la criatura.
En la mansión de los Fernández Negrete, Teodoro está encantado con el compromiso y futura boda de Verónica y Demetrio. Así, cuando su hijo Juan se entere de que su amada va a casarse con otro, se olvidará de ella para siempre. Sin embargo, el hombre no quiere ocultar al novio lo que sabe de la joven, pues desea ser honesto con él al cien por cien. Ignora que Demetrio va a casarse con Verónica sólo para vengarse de ella. Por eso, trata de explicarle, sin entrar en demasiados detalles, que la chica tuvo un novio hace un tiempo y que esa historia no está muy clara. Azunsolo se da cuenta de que hablar de todo eso le resulta embarazoso, así que le pide que no siga, porque lo sabe todo. Gracias a esta conversación, Demetrio despeja cualquier duda acerca de su prometida. Ahora está absolutamente seguro de que Verónica fue la amante de Ricardo, la que provocó su muerte. Y en vez de echarse para atrás, la confirmación de sus sospechas le da aún más fuerzas para seguir adelante. Es más, el joven corre al lado de Verónica y con halagos y promesas de amor la convence para que la boda se celebre cuanto antes. Ella acepta y empieza con los preparativos.
Sara es la encargada de organizar una cena para celebrar el compromiso. Todos se ponen sus mejores galas para festejar la noticia. Lo que parecía una reunión feliz y distendida pronto dejará de serlo. Juan, confundido por lo que ha descubierto de Verónica y cegado por los celos, pone en duda la integridad de ésta durante la cena. La joven mira de soslayo a su prometido intentando disculparse por la actitud del chico, pero la expresión que ve en su rostro le produce una sensación de alarma. De repente se da cuenta de que su novio está dándole crédito a las palabras de Juan. Verónica se queda absolutamente destrozada, ya que no entiende cómo su futuro marido puede pensar eso de ella. Por eso, al día siguiente le devuelve el anillo de compromiso.

Se descubre que la firma del banco es falsa
A primera vista, todo parece estar saliendo a la perfección y Virginia se felicita por ello. Sin embargo, su venganza contra la joven podría empezar a hacer aguas. Teodoro aún tiene dudas sobre la veracidad del polémico informe. Después de repasarlo una y otra vez repara en que la fecha que figura en él no concuerda con los hechos que allí se especifican. Se da la circunstancia de que por aquel entonces Verónica no se encontraba en México, por la tanto es imposible que fuera a la consulta del doctor Gilbert y que se le practicara allí un aborto. Eso le deja muy sorprendido. Después comprueba la firma de la cuenta bancaria y se da cuenta de que parece una falsificación.



Capítulo 3

RESUMEN DE LO PUBLICADO: Demetrio, dispuesto a conquistar a Verónica para vengarse, le ofrece una serenata con mariachis a la luz de la luna. Por otra parte, Virginia le pide a su amante, Santiago, que asesine al doctor Gilbert, ya que éste se niega a colaborar en sus planes. Todos creen que fue Verónica y no su prima la que abortó. Aún así, Azunsolo le pide que se case con él y ella, ilusionada, acepta. Sin embargo, durante la pedida de mano discuten y ella anula la boda.




La sospecha de que el asesinato del doctor Gilbert y el falso informe médico tienen mucho que ver es cada vez más fuerte. Teodoro Fernández Negrete está convencido de ello. En el fondo se siente aliviado con su descubrimiento, ya que siempre ha sentido una debilidad especial por Verónica y se resiste a creer que es una mujer falsa y malvada. Empieza a intuir que ha sido muy injusto con la joven y quiere remediarlo cuanto antes.

Azunsolo planea una romántica reconciliación
Por eso, va a ver a su hijo Juan, para ponerle al corriente de los últimos acontecimientos. Apesadumbrado y bastante triste, le comunica que tiene dudas sobre la culpabilidad de Verónica y que teme estar cometiendo una terrible injusticia. El joven escucha ilusionado las palabras de su padre. Él sigue amando a la chica y quiere demostrar su inocencia. Por suerte, cuenta con el patriarca de los Fernández Negrete para solucionar el malentendido. Así, Teodoro decide contratar a un detective para que intente descubrir la verdad sobre el supuesto aborto de su hija adoptiva.
Mientras todo esto sucede, Verónica sigue reflexionando sobre su ruptura con Demetrio. Aún le duele recordar cómo él puso en duda su honorabilidad delante de todo el mundo. Lo que la joven ignora es que Azunsolo no piensa darse por vencido. Está obsesionado con vengar la muerte de su hermanastro, Ricardo, y para ello ha de conseguir que la boda se celebre. Dejándose llevar por su instinto, idea un romántico plan para lograr que ella le perdone.
Verónica está en casa, así que Demetrio se ocupa de decorar su coche con multitud de globos de colores. Después se presenta ante ella, fingiendo estar muy abatido, y le implora que le dé una nueva oportunidad. La joven, que es una romántica empedernida y está locamente enamorada de Demetrio, se enternece al verle tan afectado y se entrega de nuevo a él.
Los planes de boda siguen adelante y la feliz novia, acompañada de sus amigas, va a probarse el traje nupcial. En la casa de modas también están Sara y Virginia. Todas alaban la belleza de Verónica. Sin embargo su prima finge estar mareada para salir de allí cuanto antes. Sus planes son bien distintos. Con la excusa de que su coche está estropeado ha convencido a su tía de que le deje alquilar uno. Después ha hecho unas copias de las llaves y se las ha dado a su amante, Santiago, para que robe el automóvil y lo venda por piezas, ya que éste necesita dinero. Para que ninguno de los dos se vea implicado en el robo, Virginia pretende que Beti, amiga de su prima, cargue con las culpas. Así, inventa que está mareada y le ruega a la chica que conduzca. Momentos más tarde, cuando todas se han bajado del automóvil, Santiago comete el delito.

La novia va a heredar mucho dinero
Virginia, desesperada, llama a Sara y le cuenta lo sucedido. Ella manda a su hijo Juan a buscarla para que solucione el problema. La perversa mujer trata de culpar a Beti de lo sucedido, ya que ella fue quien usó el coche por última vez y tenía las llaves en su poder. Juan trata de calmarla, llama a la compañía de alquiler y da la cara. Después lleva a Virginia a casa y ella trata de seducirle, sin éxito.
El día de la boda se acerca y Azunsolo se va desmoronando. Por más que lo intenta, no puede negar que está perdidamente enamorado de Verónica. Se reúne con la chica y, en un arranque de sinceridad, le dice que piense muy bien si quiere casarse con él o no, porque no sabe si podrá hacerla feliz. Además le confiesa que sabe que Juan la ama con toda su alma y que quizá debiera casarse con él. Verónica no entiende las indirectas y promete unir su vida a Azunsolo y seguirle allá donde vaya. El joven le advierte que ella lo ha querido, así que después, si las cosas no salen bien, más vale que no se arrepienta y le pida explicaciones. La joven no le hace caso y cree que sólo está nervioso.
La pareja se separa y Demetrio se reúne con Teodoro. El señor Fernández Negrete le informa de que el padre de Verónica le dejó mucho dinero en herencia y le pregunta si, una vez que se casen, querrá ejercer de administrador. Azunsolo no quiere saber nada del tema. Es más, le sugiere a Teodoro que no hable con su novia del tema, ya que no quiere que la joven crea que se casa con ella por su dinero. El padre adoptivo de Verónica se queda sorprendido por la honradez de su futuro yerno. Ignora la verdad. Antes de terminar la reunión, Fernández Negrete quiere hablar con Demetrio de Ricardo. Sigue creyendo que el joven y Verónica tuvieron una relación, así que le pregunta si le ha dicho a ella que su hermanastro ha muerto. Demetrio le dice que no.
Por fin llega la fecha del enlace. Poco antes de que Verónica empiece a arreglarse, Teodoro le informa de que su padre le dejó una importante herencia y le confiesa también que ya ha hablado con Demetrio y que él no quiere saber nada del dinero. La joven, feliz, le ruega a su tío que siga administrando su dinero como ha hecho hasta ahora. Después, corre a su habitación para ponerse el traje y arreglarse el pelo. Toña, la fiel sirvienta, la ayuda y le pide que la lleve con ella cuando se traslade a la hacienda de Demetrio. Verónica accede, aunque primero tendrá que pedirle permiso a la matriarca del clan, Sara. Cuando está a punto de salir para la iglesia, se mira en el espejo y observa su imagen reflejada. Está bellísima y no puede ocultar su gran felicidad.

Virginia está feliz por librarse de su prima
Su padrino de boda, Teodoro, la espera abajo y, al verla descender por las escaleras, se queda impresionado. Enternecido, la abraza y le dice que, pese a todos los problemas que han tenido últimamente, siempre la ha querido como si se tratara de su verdadera hija.
Ya en el templo, el párroco recibe a todos los invitados. Allí también está Juan, que lleva del brazo a su madre. El joven se había negado rotundamente a ir a la boda, pero Sara le ha obligado. Su cara se descompone cuando ve llegar a Verónica con Teodoro. Virginia se está dando cuenta de todo y le hace señas a su tía. En el altar, Demetrio espera a su esposa, dando pocas muestras de felicidad. Mientras se celebra la ceremonia, en la hacienda de Azunsolo los empleados se preguntan cómo será la nueva señora de la casa e intentan arreglarlo todo para que se sienta muy a gusto allí.
Una vez convertidos en marido y mujer, Azunsolo y Verónica salen de la iglesia, para recibir la felicitación de familiares y amigos. Todo bajo una lluvia de pétalos de rosas. Aprovechando la confusión, Juan se acerca a la novia, la abraza y le dice que la ama y siempre lo hará.
Demetrio observa la escena y se enfurece. Afortunadamente, Teodoro llega a tiempo para evitar que los dos hombres se peleen delante de la gente. Después, familiares e invitados se trasladan al convite. La comida es excelente y el posterior baile, muy animado. Azunsolo parece cansado y le dice a su esposa que se cambie de ropa, porque se van al hotel para disfrutar de su noche de bodas. Así lo hace ella, pero cuando entra en su habitación la está esperando Juan, que sigue acosándola. Al ver que tarda, Demetrio sube y los sorprende juntos. Ella intenta excusarse, entre lágrimas. Una vez solucionado el malentendido, se marchan juntos y felices. Ya en la suite del hotel, Verónica seduce a su marido, bailando sensualmente para él.
En la mansión, todos se han enterado del numerito protagonizado por Juan. Teodoro está muy enfadado con su hijo por el el espectáculo que ha dado y le ruega que se comporte como un hombre. Por su parte, las amigas de Verónica se compadecen de ella, ya que la han visto llorando, mientras que Virginia está radiante. Sola en su habitación, se felicita por haber conseguido quitar de en medio a su rival. Ahora tiene el camino libre para conquistar a Juan. Además, es feliz pensando lo mal que lo va a pasar su prima en su nueva vida de casada.
Mientras tanto, Demetrio y Verónica están disfrutando de su noche de bodas con una gran pasión. Entre beso y beso, brindan con champán por su nueva vida en común. Pasan una noche cargada de romanticismo. Sin embargo, por la mañana todo cambia radicalmente.
Nada más despertarse, la joven esposa busca a su marido en la cama, pero él no está. Verónica se encuentra sola en su primer día de casada. Demetrio le ha dejado una simple nota, en la que le pide que se prepare para partir hacia la hacienda. Disgustada, se dispone a comer algo cuando su marido entra en la habitación y le dice que han de salir a toda prisa. Pero, cuando la muchacha baja, hay un chófer esperándola y le dice que Demetrio ya se fue solo.

Demetrio desprecia y humilla a su esposa
Cuando al fin llega a su nuevo hogar, su amado no la recibe como esperaba. Más bien la trata como si fuera una extraña delante de todo el mundo. Sus desprecios serán constantes a partir de ahora. Para empezar, Demetrio informa a Verónica que ella va a dormir en un cuarto y él en otro. “Así podrás descansar sin que nadie te moleste”, le dice con ironía. A partir de ese día, los desplantes se suceden. Verónica ni siquiera puede acercarse para besarle o abrazarle, ya que él la esquiva. Siempre que la chica se queja, Demetrio la ataca diciéndole que ya le advirtió que las cosas no son siempre como parecen. El joven pasa mucho tiempo solo, recorriendo sus tierras y pidiéndole perdón a su hermanastro por haberse casado con su asesina, a la que no puede evitar amar con pasión.
Una noche, decide informar a Verónica de que Ricardo murió y trata de que ella le confiese que fueron amantes. No lo consigue y se marcha dejándola hecha un mar de lágrimas. La joven llama a su tía Leticia, que, muy alarmada, decide contárselo todo a Teodoro. Éste se pone en contacto con el pueblo en el que vive su sobrina a través del padre Williams, quien envía un recado a Verónica para que acuda al día siguiente a la parroquia. Allí podrá hablar por teléfono con su padre adoptivo y contarle sus problemas.

CAPITULO 4

RESUMEN DE LO PUBLICADO: Demetrio planea una romántica escena para lograr que Verónica le perdone. El plan da resultado. Por fin llega el día de la boda y los novios se dan el “sí quiero”. Tras una apasionada noche de amor, las cosas cambian radicalmente y la joven esposa ve cómo su marido la desprecia delante de todos. Es más, en la hacienda duermen en camas separadas. Desesperada, Verónica pide ayuda al padre Williams para ponerse en contacto con su padre adoptivo.



Mientras Verónica sufre lo indecible en la hacienda de Demetrio, Virginia no ha perdido el tiempo. Aprovechando la desolación de Juan, ha conseguido que él se comprometa a iniciar un noviazgo con ella. Así se lo cuenta a su tía Sara, que la felicita efusivamente. Después, Juan va a hablar con su padre y le informa que ha aceptado ser el novio de Virginia, aunque no la ama. Teodoro no está de acuerdo con esta relación, pero el joven le dice que no ha podido rechazarla.

Verónica se entera de lo que sucedió con Ricardo
Por otra parte, en la hacienda de Azunsolo las cosas van de mal en peor. Demetrio no para de insultar y maltratar a su esposa y ésta le dice que va a ir a la parroquia a hablar con su tío por teléfono y que le dirá que vaya a buscarla. El hombre se ríe y no parece importarle demasiado que Verónica se vaya. Es más, se ofrece a acompañarla a la iglesia. Nada más llegar allí, la joven conoce a Irma, la esposa del doctor Moguel. Mientras Demetrio conversa con el cura, Verónica espera ansiosa la llamada de su tío, acompañada de Irma. Azunsolo teme que ésta le cuente a su mujer lo sucedido con Ricardo.
Irma cree que Verónica está al corriente de todo y saca la conversación con toda normalidad. Le cuenta que el hermanastro de Demetrio se suicidó por culpa de una joven, de la que todo lo que se conoce es que su nombre comienza por la letra “V” y que se apellida Fernández Negrete. Verónica se queda paralizada y comienza a ver las cosas claras. Acaba de comprender que su marido la está confundiendo con Virginia y la considera culpable de la muerte de Ricardo. Ahora sabe que lo único que quiere es ejecutar una terrible venganza.
Por fin llama Teodoro. Verónica le miente sobre su nueva vida y le dice que está algo deprimida porque les echa de menos. Después le pide que le envíen el cargador del móvil para que ella les pueda llamar.
Juan está al lado de su padre y también habla con Verónica por teléfono. Una vez más, le ofrece amistad desinteresada, algo que ella agradece entre lágrimas.
Mientras tanto, Virginia y Santiago siguen haciendo de las suyas. En esta ocasión, la pareja obliga a los amigos de Verónica a traficar con drogas.
Durante su conversación con el patriarca de los Fernández Negrete, la esposa de Azunsolo no ha podido dejar de pensar en lo que acaba de descubrir. Tras agradecerle a Irma sus palabras, la joven vuelve a casa dispuesta a encararse con Demetrio. Al llegar tiene un enfrentamiento con Yadira, la criada. Después le dice a su marido que ya sabe por qué la trata así. Por fin ha comprendido que nunca la ha amado de veras, sino que se casó con ella para vengar la muerte de Ricardo. Él asiente y Verónica le da una bofetada. Está demasiado furiosa para confesarle que de quien debería vengarse es de Virginia y no de ella. Tras una cruel pelea dialéctica, la joven le asegura que se marchará de la casa y no volverá nunca. Él le dice que, si se marcha, la matará.
Verónica está desesperada, coge su caballo y se marcha a toda prisa. Minutos después, Demetrio sale tras ella, va a las caballerizas, hace ensillar su caballo y corre al galope, pues quiere hacerla regresar a toda costa. Las lágrimas no dejan ver el camino a Verónica, que no sabe a dónde ir, sólo quiere alejarse del hombre que tanto sufrimiento ha traído a su vida.
Desgraciadamente, su caballo tropieza en una roca y la joven sale disparada por los aires. El golpe es fortísimo y queda tendida en el suelo, inconsciente. El animal ha seguido galopando y ella yace cubierta de sangre. Mientras tanto, Azunsolo y Jacinto recorren las tierras llamándola con insistencia, pero pasan las horas y no la encuentran.

Demetrio sospecha que su esposa está con Belot
Ajena a todo lo que está sucediendo, Virginia está encantada por tener la casa para ella sola. Sara le comunica que Teodoro habló con Verónica y que ésta quizá regrese a la mansión. La malvada joven se enfada muchísimo y le pide a su tía que lo evite. Después sube a su habitación y se arregla para seducir a Juan. Cuando éste llega, Virginia le recibe con un camisón muy sensual y, entre besos y abrazos, le quita la ropa. Al principio él se resiste, pero poco a poco va dejándose llevar, hasta que ambos terminan haciendo el amor.
Al día siguiente, Juan se arrepiente de lo sucedido, pero Virginia está radiante. Es feliz pensando que dentro de muy poco logrará convencer a Juan para que se case con ella y entonces todo el dinero de los Fernández Negrete será suyo. Además, la perversa joven ha convencido a Teodoro para que abra una fundación de ayuda a jóvenes drogadictos y la convierta en su directora. De este modo, ella y Santiago dispondrán de todo el dinero que quieran sin ningún problema.
En la hacienda, Verónica sigue sin aparecer. Demetrio empieza a pensar que su esposa se marchó con Belot, ya que cree que él la pretende. Sus sospechas parecen tomar cuerpo cuando le llega un recado diciéndole que el caballo de la muchacha ha llegado hasta la hacienda de Belot, solo y desbocado.
Sin pensarlo dos veces, Azunsolo se dirige allí y, al llegar, acusa a Belot de haber acogido a Verónica. Él lo niega todo y le aconseja que deje a un lado sus absurdos celos y que vaya a buscarla, ya que teme que le haya sucedido algo malo. Demetrio parece despertar de un mal sueño y empieza a temer por la vida de su mujer. Entonces pone a cincuenta hombres en marcha, para que den con ella cuanto antes. Todos van a caballo y recorren la hacienda palmo a palmo. Empiezan a pensar que nunca la encontrarán cuando oyen ladrar a un perro. Al llegar hasta donde se encuentra, Azunsolo descubre a Verónica entre los matorrales, tendida en el suelo, inconsciente y con varias heridas.
No puede creer lo que está viendo y rompe a llorar desconsoladamente. No se perdonaría por nada del mundo que su esposa hubiera muerto por su culpa. Uno de los peones le toma el pulso y se da cuenta de que la joven está viva. Enseguida mandan llamar al doctor para que vaya a la hacienda. Cuando Moguel llega y reconoce a Verónica, se da cuenta de la gravedad de su estado y aconseja que sea trasladada inmediatamente al hospital de Guadalajara. Demetrio corre a la iglesia para pedir al padre Williams que le deje llamar por teléfono y avisar a un helicóptero. Desolado, no para de culparse por lo sucedido y se confiesa con el párroco. Está muy confundido; por un lado, teme que su esposa muera, pero, por otro, sabe que eso era precisamente lo que él quería. Si al final resultara así, habría vengado la muerte de su hermanastro, Ricardo.
Finalmente, el helicóptero llega al pueblo y Verónica es trasladada al hospital más cercano. El primer diagnóstico no puede ser más desolador: la joven sufre varias fracturas y una inflamación hepática que amenaza seriamente su vida.
Mientras tanto, en la mansión de los Fernández Negrete, Virginia está desesperada. Tras la noche de amor que ha pasado con Juan, el joven la rechaza diciéndole que aún ama a su prima. Ella se echa a llorar y le suplica que le dé una oportunidad para hacerle feliz. Finalmente, el hijo de Teodoro y de Sara se apena de su enamorada y la abraza para consolarla. Después, sola en su habitación, Virginia ríe a carcajadas y promete apropiarse de toda la fortuna de su familia adoptiva.
Las noticias vuelan. Pronto Teodoro y los suyos se enteran de los sucedido con la pobre Verónica. Leticia no cree que su sobrina se haya caído del caballo, como dicen las noticias, ya que la considera una experta amazona.
En el hospital, Demetrio no se ha separado de la cama de su esposa ni un segundo. Cuando ella despierta y le ve a su lado, le reta a culminar su plan y le dice que la mate, aprovechando que están solos.
Entre tanto, los Fernández Negrete intentan ponerse en contacto con el pueblo, para saber qué fue lo que le sucedió a la esposa de Azunsolo. Teodoro le cuenta a su hijo lo del accidente y éste coge su coche para trasladarse de inmediato al hospital. Leticia y Virginia le acompañan.
Verónica ya está consciente y vuelve a atacar a su marido. Le dice que se marche, que no quiere volver a verle. Con crueldad le pregunta si va a esperar a que se quede dormida de nuevo para asfixiarla con la almohada. En ese momento, le informan de la llegada de su familia.
La enfermera les dice que en la habitación sólo puede estar una persona. Virginia insiste en ser ella la primera, alegando que está muy preocupada por su prima. Una vez a solas, la malvada joven aprovecha un descuido para inyectar a Verónica un poderoso somnífero.
De esto modo quiere impedir que la muchacha hable con Juan y le pida que la lleve de regreso a la mansión. Su objetivo se cumple, ya que Verónica se queda muy aturdida y es incapaz de articular palabra.
Mientras tanto, en la sala de espera, el heredero de los Fernández Negrete se traga su orgullo y trata de consolar a Demetrio por el trágico accidente de su esposa. En la mansión, Teodoro y Sara esperan impacientes noticias de Verónica.

Belot cree que Demetrio atentó contra Verónica
En Puerto Alegre, todos están también muy preocupados por la salud de la señora de Azunsolo. Belot visita al padre Williams y le dice que la cincha del caballo que montaba Verónica había sido desatada intencionadamente para provocar el accidente. Además, se atreve a confesar que tiene claras sospechas de que el responsable de lo sucedido es Demetrio.
Paralelamente, en la clínica, Virginia consigue que Azunsolo se sincere con ella. Éste le habla del suicidio de su hermanastro Ricardo y del hijo que nunca llegó a nacer. La perversa joven, con un brillo especial en la mirada, le asegura que conoce muy bien a su prima y que ella es, sin duda, la culpable de todo. Después de oír esto, Azunsolo ya no tiene ninguna duda y ordena el traslado inmediato de Verónica a la hacienda, en contra de las opiniones de los médicos. Ellos le dicen que lo mejor para la salud de su esposa es seguir ingresada.




Capítulo 5
RESUMEN DE LO PUBLICADO: Verónica no aguanta más los desprecios de su marido y le dice que hablará con Teodoro para que vaya a buscarla. Ambos se pelean y ella huye a caballo, pero sufre un accidente. Cuando Demetrio la encuentra y se da cuenta de su gravedad la traslada en helicóptero al hospital. Al enterarse, los Fernández Negrete van a visitarla. Para evitar que su prima le pida a Juan que la lleve de regreso a México, Virginia le inyecta un poderoso somnífero.




Haciendo caso omiso de las recomendaciones de los médicos, Azunsolo se lleva a su esposa a la hacienda. Allí permanece encerrada en una habitación, sin contacto con nadie. Los Fernández Negrete, en especial Teodoro, intentan ponerse en contacto con Verónica, pero no lo consiguen, pues Demetrio ha escondido su teléfono móvil.
A su vuelta a casa, Azunsolo ha de luchar contra la desconfianza de algunos de sus vecinos, en especial del padre Williams. El cura le informa de que la cincha del caballo había sido manipulada y le da a entender que él tiene algo que ver. Demetrio se defiende como puede y le asegura que no fue él quien provocó el accidente; su esposa salió a caballo y no se preocupó de revisar antes la montura del animal. Después, ambos hablan de la muerte de Ricardo y de la relación que Verónica mantuvo con el joven. El padre Williams intenta convencer a Azunsolo de que se está equivocando al juzgarla, pero no sirve de nada y el sacerdote le insinúa que lo mejor sería que se divorciara y que dejase a Verónica volver con su familia. Demetrio da por terminada la conversación, diciendo que su esposa jamás se marchará de la hacienda.
Mientras tanto, Verónica charla con Irma en su habitación. La joven le explica a ésta que su marido no la quiere y que pretende matarla. Sin embargo, se sorprende al escuchar de boca de su amiga que él estuvo buscándola desesperadamente cuando ella tuvo el accidente.
Juan está intentando ponerse en contacto con Verónica, pero no lo consigue. Cuando regresa a la mansión, conversa con su tía Leticia sobre ello y ésta parece muy preocupada. Con el fin de salir de dudas, decide ir a Puerto Alegre a visitar a su sobrina. Teodoro está de acuerdo y manda preparar el avión para que pueda llegar hasta allí lo antes posible. Leti sube a su cuarto y prepara la maleta. Cuando se dispone a abandonar la casa, Virginia le pisa la falda y provoca su caída. Leticia rueda escaleras abajo y queda tendida en el suelo.
Sara hace llamar a una ambulancia, mientras Virginia sonríe maliciosa. Ha logrado su objetivo: su tía no podrá ir a visitar a Verónica. Cuando recobra el habla, Leticia se queja de que le duele mucho la pierna; se la ha roto y no podrá moverse durante algún tiempo.

Verónica se enfrenta a su marido
Entonces, Virginia llama por teléfono a su amante, Santiago, para contarle, orgullosa, lo que acaba de hacer. Pero, cuando regresa al salón, se entera de que su primo Juan va a ir a la hacienda de Azunsolo para visitar a Verónica y averiguar por qué ésta no contesta al teléfono.
En casa de Demetrio, Verónica conversa con el padre Williams y le confiesa que quiere divorciarse y escapar de allí. La joven está bastante recuperada de sus heridas y su mente se va aclarando poco a poco. En cuanto se encuentre mejor, luchará por demostrar su inocencia. Está dispuesta a encararse de nuevo con su marido y anunciarle que ya está lista para un nuevo asalto. Mientras tanto, Demetrio acaba de llegar a la casa y se dispone a descansar. Yadira, la sirvienta, acude solícita a su lado, le quita las botas y le da un masaje. Se le está insinuando descaradamente. Él la rechaza diciéndole que preferiría estar solo, pero la muchacha no piensa darse por vencida y sigue con su coqueteo.
Al día siguiente, el doctor Moguel visita a la enferma y se muestra sorprendido por su rápida recuperación. Tras reconocerla, le da el alta y Verónica le promete no volver a hacer locuras. Cuando se quedan a solas, Demetrio se interesa por la salud de su esposa y ésta le asegura que se encuentra perfectamente: “Estoy lista para el próximo combate” le grita, mientras se miran fijamente.
En la mansión de los Fernández Negrete, Leticia se lamenta por su torpeza y pregunta si alguien pudo comunicarse ya con su sobrina. Virginia, temerosa de que al final las llamadas den resultado y alguien consiga hablar con su prima, pone en marcha un nuevo plan. Sin que nadie la vea, falsifica un fax con la firma de Verónica. En el mensaje, ésta asegura a los suyos que es muy feliz y que se encuentra bien. Después de revisarlo, para comprobar que parece verdadero, Virginia se lo entrega a Leticia, que parece quedarse tranquila. Pero, no contenta con eso, la malvada muchacha le pide a Sara que le escriba una carta a Verónica pidiéndole que, por el bien de Juan, permanezca con su esposo en la hacienda.
La mujer de Teodoro, siempre dispuesta a complacer a su ojito derecho, acepta sin pensar en las posibles consecuencias que pueda traer esta carta. Así, Sara le escribe a Verónica informándole de que Juan se va a casar con su prima y le ruega que se mantenga al margen.
Mientras tanto, las cosas entre Demetrio y su esposa van de mal en peor. Azunsolo trata de acostarse con Verónica haciendo uso de su fuerza, pero ella le rechaza. Furioso, el joven le desgarra la ropa y trata de golpearla. Afortunadamente, Verónica logra escapar.
Una de las pocas personas en las que puede confiar es Andrés Belot, así que decide refugiarse en su casa. Él, al verla en ese estado, la interroga sobre su agresor, pero no consigue arrancarle ni una sola palabra. Finalmente acepta su silencio y le ruega que se siente a descansar, además de mostrarle todo su apoyo. De repente, Demetrio aparece en la casa para recoger a su mujer. Ella se niega rotundamente a marcharse con él. Pero la mala suerte quiere que todo se complique aún más.

Sara pide a su sobrina que siga en la hacienda
La perversa Virginia no logra enviar la carta de Sara al fax de Demetrio, así que decide hacerlo al número de Belot. Cuando Verónica lo recibe, llora amargamente al leer lo siguiente: “Nos dio un gusto enorme recibir tus líneas y saber que por fin estás bien. Tú sabes que Juan ha aceptado a Virginia y se adoran. Todo va viento en popa para su boda. Por tu vida te lo suplico: no vengas. Causarías un gran daño a Virginia y a tu primo, que apenas se está restableciendo de tu rechazo. Te hablo con la confianza que te tengo y en espera de tu noble respuesta. Tu tía que te adora y que siempre te cuida, aunque no tanto como Demetrio. Besos. Sara.” Después de esto, Verónica comprende que no hay otra salida para ella. Debe regresar a la hacienda, al lado de su marido, aún a sabiendas de que éste quiere vengarse de ella. Viendo que no puede escapar de allí, decide hacer todo lo posible por demostrar su inocencia.
Cada día que pasa, Demetrio tiene más dudas. Su corazón está dividido entre el amor y el odio que siente hacia su esposa.
Yadira, por su parte, no se da por vencida y sigue intentando seducir a su patrón. Así, al verle tan triste y cansado, se ofrece a consolarle y le da otro masaje. En ese momento entra Verónica y, al ver la situación, echa a la sirvienta de la sala. Yadira trata de buscar el apoyo de Demetrio, pero el joven le grita que obedezca a su mujer, que es la señora de la casa.
Mientras llega la hora de la cena, Verónica le comunica a Azunsolo que ha decidido quedarse en la hacienda. Él sonríe satisfecho. Sin embargo su felicidad durará poco, ya que, poco después, Juan llega a la casa para comprobar si su amada se encuentra bien. La joven le recibe con los brazos abiertos y le invita a instalarse en la casa durante unos días. Demetrio tiene que hacer verdaderos esfuerzos para controlar su ira.
La visita de Juan servirá para aclarar muchas cosas. El joven le comenta a Verónica que ya recibieron el fax en el que ella explicaba que se encontraba bien, pero que aún así él quiso comprobarlo en persona. La joven se queda muy sorprendida y le asegura que ella no ha mandado ningún mensaje. Erróneamente, sospecha que fue Demetrio quien mandó el fax, falsificando su firma, para evitar que su familia se enterase del infierno que está viviendo.
Verónica no puede imaginar que, en realidad, todo se debe a un plan de Virginia. Por su parte, Azunsolo cree que lo del fax es una estrategia de su esposa para provocar la visita de Juan. Los celos le dominan.
El hijo de Teodoro y Sara, por su parte, observa detenidamente a la pareja y se da cuenta de que algo no marcha bien. Ninguno de los dos muestra ninguna actitud cariñosa. Es más, el ambiente tenso que se respira entre ellos se podría cortar. Por eso, Juan no duda en llamar a su casa y decirle a su padre que se quedará a pasar la noche en la hacienda, para cerciorarse de que Verónica no corre ningún peligro. Además, le cuenta que su prima no ha escrito el fax que les mostró Virginia. Teodoro se queda de una pieza y empieza a sospechar que todo ha sido un nuevo invento de ésta.

Alguien hace el amor con Verónica en la oscuridad
Ajena a los nuevos acontecimientos, Virginia ha ido a visitar a su amante, Santiago, para comunicarle que conseguirá casarse con Juan, ya que cuenta con el beneplácito de su tía. Pero, cuando regresa a casa y se entera de que Juan ha ido a visitar a Verónica, casi se desmaya. Corre a su habitación y llora de rabia. Después llega a la conclusión de que lo mejor será concertar el matrimonio cuanto antes. Para tratar de convencer a Sara, Virginia le dice que sucumbió a los encantos de su hijo y que hizo el amor con él. Para salvaguardar su honor y su buen nombre, la boda debe prepararse cuanto antes. Al principio, la esposa de Teodoro se enfada muchísimo por el descaro de Virginia, pero termina aceptando su proposición.
Verónica ha conseguido quedarse a solas con Juan y le cuenta sus problemas matrimoniales. Él se ofrece a llevarla de regreso a la capital, pero ella prefiere esperar. Al caer la noche, la joven se marcha a su habitación. Entonces, alguien entra a escondidas y se mete en su cama. Está muy oscuro y no distingue la cara del visitante, pero cree que es Demetrio y ambos se aman con pasión.

Capítulo 6
RESUMEN DE LO PUBLICADO: Verónica se recupera de sus heridas, sin poder salir de su habitación, ya que su marido la tiene retenida. Teodoro, por su parte, intenta ponerse en contacto con su hija adoptiva, pero no lo consigue. Entonces, Virginia falsifica la firma de su prima en un fax, donde asegura que se encuentra bien. Sin embargo, Juan no se fía y va a visitar a Verónica a la finca. Mientras que él está fuera, Virginia le hace creer a Sara que ambos han hecho el amor.



Cuando Verónica se despierta, está sola en la cama. Piensa que fue Demetrio quien se metió a oscuras en su cuarto, pero no acaba de entender por qué. Después de lo sucedido, la joven ha decido no abandonar la hacienda por el momento, aunque sí quiere despedirse de su primo, antes de que éste regrese con los Fernández Negrete. Así pues, sale de la habitación tratando de hacer el menor ruido posible. Mientras tanto, Juan la espera en el avión, nervioso por su tardanza. Cuando al fin la ve llegar, se ilusiona, pensando que logrará alejarla de allí y de ese marido que la hace tan infeliz. Pero no es así, tras fundirse con él en un emocionado abrazo, Verónica le comunica a su primo que no se marchará. Quiere quedarse para poder demostrarle a Demetrio que es totalmente inocente. En el fondo Juan la comprende, así que se despide, no sin antes decirle lo mucho que la ama.
El camino a casa se hace interminable. Y el chico no imagina la gran sorpresa que le espera a su llegada. Es Sara, su madre, la que sale a recibirle. No parece muy feliz. Sin dejarle mediar palabra, le grita que sabe que hizo el amor con Virginia y que está obligado a casarse con ella.
Verónica, por su parte, ha regresado a la hacienda, pero no encuentra allí a Demetrio. Su marido ha salido a buscarla, porque cree que ha huido con Juan. En la casa sí que se encuentra Irma y con ella inicia Verónica una conversación sobre Ricardo, que era muy amigo del doctor Moguel, ya que está realmente interesada en conocerlo todo sobre él. A Irma le parece increíble lo poco que su amiga sabe sobre el fallecido, cuando se supone que ella es la culpable de su muerte. Sospecha que hay un terrible malentendido y le promete a Verónica hacer todo lo posible para aclarar el caso. Cuando la joven le pregunta si ella conoció a la malvada novia de Ricardo, la esposa del doctor Moguel le dice que no, pero que tiene una fotografía suya, que se publicó en un periódico. Un halo de esperanza ilumina los ojos de la señora Azunsolo. Nerviosa y excitada, le pide a Irma que busque esa instantánea, porque quizá ella pueda reconocer el rostro de esa mujer. Cuando llegan Demetrio y el doctor, las dos amigas cortan la charla. Verónica se marcha a su habitación y su esposo la sigue. Una vez a solas, le pregunta dónde estuvo parte de la mañana y ella le contesta: “Fui a despedir a Juan”. Él no puede creer que al final no haya huido con su primo y quiere saber por qué. Ella esquiva la cuestión. Azunsolo la amenaza, asegurándole que debería haberse marchado. Aún así, la hija adoptiva de Teodoro le asegura que no se irá, porque ésa es su casa.

Juan se casará para contentar a su madre
En la mansión de los Fernández Negrete, la boda de Virginia y Juan se está complicando. La joven quiere que Sara le hable a Teodoro de lo que pasó, para que acelere la boda. Sin embargo, tanto ella como Leti acuerdan que lo mejor será que sean Virginia y Juan los que se enfrenten con el patriarca de la familia. Además, intentan convencer a la chica de que será muy desgraciada en su matrimonio. Al mismo tiempo, Verónica y Demetrio siguen con su guerra particular. Azunsolo está furioso y obsesionado con hacerle daño a su esposa. En un arrebato de locura, la encañona con su arma, pero ella le da un manotazo y el tiro sale desviado. No hay heridos, pero todos en la hacienda se llevan un gran susto. El pobre Juan ya no sabe qué hacer. Virginia se pasa el día llorando por las esquinas y encima su madre le interroga sobre su relación con Verónica. Él le asegura que no pasó nada entre ellos durante su estancia en la hacienda de Azunsolo. Además, le promete que se casará con Virginia, aún a sabiendas de que será el hombre más infeliz del mundo, Sara está a punto de gritarle que no lo haga, pero no tiene tiempo. Juan se marcha a su cuarto.
Algo más tarde, en casa de Azunsolo, Verónica e Irma retoman la conversación que habían dejado a medias. La joven le pregunta si su marido llegó a ver la foto de la novia de su hermano y ella le dice que no. La esposa del doctor Moguel le cuenta que lo único que Demetrio sabía de esa mujer es que le escribió una carta muy cruel a Ricardo, firmada con una “V”, que vivía en casa de los Fernández Negrete y que llevaba un broche con la inicial de su nombre. No es difícil atar cabos y las dos amigas empiezan a desenredar los hilos de la madeja.

Virginia comete un error que la delata
Curiosamente, en la casa de los Fernández Negrete también están hablando de Ricardo. Teodoro y Sara comentan que por Puerto Alegre la gente como Demetrio hace fortuna rápidamente. Virginia interviene en la conversación y comete un error fatal al decir: “Así lo hizo Ricardo. ¿Se acuerdan? Él se fue precisamente a Puerto Alegre para hacer fortuna”. Se produce un silencio sepulcral y el patriarca de la familia le exige que le cuente de qué conocía a ese joven y cómo es que ella sabía de sus planes. Virginia se siente acorralada y no sabe qué decir. A partir de entonces, Teodoro ata cabos y empieza a creer que es la “cándida” Virginia y no Verónica la misteriosa novia de Ricardo Platas. A solas en su habitación, la señora Azunsolo recibe la visita de su esposo. Ella, seductora, le invita a pasar, pero él se niega. Después, Verónica se queda muy pensativa. Ahora está casi segura de que el hombre que se metió en su cama y con el que hizo el amor no fue Demetrio. Él prometió no volver a tocarla. De repente, una idea se le viene a la cabeza. Cree que en realidad fue Juan quien, aprovechando la oscuridad, la sedujo. No puede creerlo y siente una mezcla de rabia y cariño por su primo. A la mañana siguiente, para despejar su mente, decide caminar un poco. No sabe que su marido la está siguiendo. Verónica pasea distraída y, al ver el agua tan cristalina, se le ocurre que podría darse un chapuzón en el lago. De pronto, repara en la presencia de Demetrio. Coqueta, se quita la ropa delante de él y le anima a que se bañe con ella. En un primer momento, Azunsolo se siente tentado de hacerlo, pero al final rechaza la invitación. En la capital, Virginia va a la casa de modas con Sara para hacerse la prueba de su vestido de novia. Sin motivo aparente, rompe a llorar y grita que el traje no le gusta nada y quiere uno nuevo. Desconsolada, va a visitar a Santiago y le dice que quiere tener un hijo con él.
De regreso a la hacienda, Demetrio y Verónica se encuentran con Belot, que les invita a cenar en su yate, al que ha puesto el sugerente nombre de Veronique. Durante la velada, Yadira, la sirvienta, no hace más que insinuarse a Azunsolo, lo que despierta los celos de su joven esposa. Al ver que no puede hacer nada contra esa mujer, Verónica corre al lado de Andrés, para contarle sus penas. El hacendado francés está encantado. En un arranque de sinceridad, le cuenta que compró ese barco sólo para ella, para ayudarla a huir de Demetrio el día que lo decida. La conversación entre ellos dura muy poco. El hermano del fallecido Ricardo se ha dado cuenta de que están haciéndose confidencias y se acerca a ellos furioso. Coge del brazo a su esposa y le exige que regrese a casa con él. Ya en la hacienda, la pareja se enzarza nuevamente en una tremenda discusión. Verónica no puede más y le asegura que se marchará de la hacienda al día siguiente. Él la reta a que lo haga. En medio del forcejeo, la pasión se desata ente ellos y acaban haciendo el amor.

Verónica piensa que su marido se ha vuelto loco
Sin embargo, la tregua entre ambos dura muy poco. A la mañana siguiente, Demetrio se arrepiente de su debilidad y promete no volver a caer rendido a los encantos de su esposa. Así, la desprecia con más furia que nunca y ella le odia cada día más. Verónica, desesperada, decide hablar con Yadira y ésta le confiesa que Azunsolo pretende recluirla para que no huya a bordo del barco de Belot. La joven empieza a creer que Demetrio se ha vuelto loco. Al enterarse de las oscuras intenciones de su marido, Verónica reúne la fuerza necesaria para enfrentarse a él. Va a buscarle y le grita que está harta de cargar con la muerte de Ricardo. Pero Demetrio sigue empeñado en hacerla responsable de algo que ella no hizo. La acusa sin parar y ella, muy nerviosa, le da dos sonoras bofetadas. Azunsolo, algo impresionado, trata de controlar su agresividad, pero ya nada puede parar a Verónica. En un descuido del hacendado, la mujer coge un arma y le apunta a la cabeza. Demetrio se queda paralizado, ya que teme que dispare. Sin embargo, su sorpresa es mayúscula cuando ella le entrega la pistola y le dice que la mate de una vez. Al ver que su marido no reacciona, Verónica le asegura que, si alguna vez consigue demostrar realmente su culpabilidad, será ella misma quien se quite la vida. Animado por estas palabras, Azunsolo le muestra el broche y la carta firmada con una “V”, que se hallaban entre las pertenencias de su hermanastro. Cree que con eso, todo está dicho. Sin embargo, su esposa le asegura que la letra es de Virginia y le muestra su propio broche. Demetrio se queda de una pieza. De repente comprende el fatal error. Pero ya es tarde. Verónica le arrebata las pruebas y se marcha de la hacienda. Lo hace a bordo del yate de Andrés Belot, como tenía planeado, sin mirar hacia atrás.
El hacendado se queda en casa, destrozado. No quiere creer lo que está sucediendo e interroga a Yadira sobre la novia de su hermano, para intentar convencerse de que él tenía razón. Sin embargo, la sirviente le asegura que Verónica no era quien mantenía relaciones con Ricardo. Esta revelación le deja extenuado. De pronto se da cuenta de que ha perdido a la persona que más amaba en el mundo y decide suicidarse.

El padre Williams salva la vida del hacendado
Con mucha serenidad, coge su arma, se la pone en la cabeza y aprieta el gatillo. Afortunadamente, en ese momento llega el padre Williams y consigue desviar el disparo. Demetrio sufre una leve herida en la cabeza. El cura avisa al doctor Moguel, que se presenta en la hacienda rápidamente para atender al herido. Le acompaña Irma, su esposa, que, al enterarse de lo sucedido, le muestra a Azunsolo la foto de la novia de Ricardo: Virginia Fernández Negrete. Por otro lado, Belot se dirige hacia el puerto para recibir a Verónica. Tras calmarla un poco, ambos se instalan en un hotel en la ciudad de Guadalajara.



_________________

NO AL CIERRE DE LOS FOROS DE MUNDOVISIÓN.
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
kendra
Administradora

Administradora


Registrado: 19 Nov 2006
Mensajes: 6482
Ubicación: En los brazos de un pirata



MensajePublicado: 12am:38' 11/02/2007    Asunto: Responder citando



Capítulo 7
RESUMEN DE LO PUBLICADO: La esposa del doctor Mogel le enseña a Verónica una foto de la novia de Ricardo, que salió en un periódico. No es otra que Virginia. La joven decide quedarse en la hacienda para aclarar de una vez por todas el malentendido. Cuando se enfrenta a Demetrio, éste le muestra la carta y el broche. Verónica le explica que son de Virginia. Tras apuntar a su marido con un arma, la chica huye de la hacienda. Azunsolo, desesperado, intenta suicidarse.



Demetrio no sabe dónde buscar a su esposa. Habla con el padre Williams y le pide que le ayude a encontrarla. El sacerdote le informa que Verónica se marchó en el yate de Belot. Al ver la cara de disgusto de Azunsolo, le asegura que entre su esposa y el empresario sólo hay una buena amistad. Demetrio contesta que confía ciegamente en Andrés y el cura le responde que él pondría la mano en el fuego por Verónica. El hacendado comienza a llorar y se lamenta de haber sido tan injusto.

Belot le ofrece trabajo a la señora Azunsolo
Al día siguiente, Demetrio decide ir al hospital de Guadalajara para que le miren la herida de la cabeza. Va acompañado del doctor Moguel, que ha seguido su evolución. Azunsolo está fuera de peligro. Según los doctores, se ha recuperado muy bien y ahora solamente necesita descansar y mejorar su estado de ánimo. Al salir de la consulta, Francisco regresa a la hacienda y Demetrio decide permanecer unos días en la ciudad para reflexionar un poco. Casualmente, se aloja en el mismo hotel en el que están Verónica y Andrés Belot.
La joven está muy agradecida por todo lo que Andrés está haciendo por ella. Tras disfrutar de una suculenta comida, él se va a resolver unos negocios y ella regresa al hotel. No sabe que su marido se encuentra allí.
Verónica se entretiene leyendo el periódico y ve el anuncio de la boda de Juan con Virginia. Se pone furiosa, pues quiere mucho a su primo y le duele ver cómo le están engañando. Tiene que impedir ese matrimonio...
Después, Belot habla con ella y le pide que trabaje para él. Verónica acepta sin pensárselo dos veces. Va a empezar una nueva vida y está muy ilusionada imaginando cuánto van a cambiar las cosas a partir de ahora. Pero lo primero es presentarse en la boda de Juan y Virginia para desenmascarar a su malvada prima y “salvar” al novio. Andrés le pregunta por qué quiere arruinar el enlace y ella le contesta que no está dispuesta a permitir que Juan sufra. Belot quiere saber si Verónica pretende volver con él, pero la señora Azunsolo le asegura que no es así.
Mientras su esposa y su amigo mantienen esta charla, Demetrio intenta descansar en la habitación contigua. De repente, reconoce sus voces. Sale al pasillo, pero no ve a nadie y piensa que todo son imaginaciones suyas y que la falta de Verónica le está volviendo loco.
Poco después, Azunsolo toma la determinación de ir a la mansión de los Fernández Negrete, pues quizá su esposa se haya refugiado allí. Cuando llega a la casa, todos creen que viene acompañado de Verónica para asistir a la boda de Juan y Virginia. Teodoro se queda muy sorprendido al no ver a su sobrina e interroga al hacendado sobre su paradero. Él no sabe qué decir, pero finalmente inventa una excusa. Poco después, le cuenta toda la verdad a Toña.
La fiel sirvienta está muy preocupada. Teme que le haya pasado algo a la muchacha y, conmovida por la tristeza de Demetrio, le promete ayudarle a encontrarla. Para ello le facilita los teléfonos de varios amigos de Verónica, por si ellos saben algo de su paradero. La primera en recibir la llamada del hacendado es Beti, pero la chica no tiene ni la menor idea de dónde puede estar Verónica. Y no quiere ayudarle a encontrarla.
Después, Azunsolo regresa a Guadalajara. Belot se ha enterado de que su rival está alojado en el mismo hotel que ellos. Beti les ha ido a visitar. Para evitar un encuentro fortuito, se marchan de allí a escondidas. Al subir en el ascensor, se cruzan con una mujer, Miranda, que ha regresado a México después de muchos años de ausencia. Cuando ve a Verónica, se da cuenta de que es la hija que abandonó.
Mientras, Virginia, ajena a la desaparición de su prima, disfruta de los momentos previos a su boda. Pero una desagradable coincidencia está a punto de echarlo todo por la borda. La joven va a visitar a su amante, para disfrutar de su última noche de pasión, y se encuentra allí con Juan, que ha ido a visitar a Santiago para hablar sobre la fundación para jóvenes drogadictos en la que trabaja. Cuando Virginia aparece en la casa, él se queda muy sorprendido y le pregunta qué hace allí. La chica le dice que quería disculparse con Santi por no haber podido asistir a sus clases de literatura, debido a los preparativos de la boda.

La madre de Verónica llama a Teodoro
Por otro lado, Miranda llama a Teodoro a la mansión para hablar de Verónica. El patriarca del clan se muestra muy nervioso, ya que Demetrio, en ese momento, está con él. Finalmente, no puede disimular y acaba diciéndole a Azunsolo que la verdadera madre de su esposa ha vuelto y quiere recuperarla, sea como sea.
Por fin llega la boda de Virginia. Todos los invitados esperan en la iglesia. Verónica llega a la mansión y tiene una charla con Teodoro, en la que le dice que piensa anular el enlace que va a tener lugar y los motivos de su decisión. Sin embargo, él le ruega que no monte un escándalo delante de todos. Ella le promete esperar un poco. Así, asiste a la ceremonia, como una invitada más, y felicita a los novios.
En los jardines de la mansión, el banquete transcurre con normalidad. Entre los asistentes se encuentran Demetrio, Miranda, la madre de Verónica, y Belot. Cuando los dos hombres se encuentran cara a cara, se enzarzan en una discusión que acaba a golpes. Azunsolo está loco de celos, porque piensa que Andrés le ha robado a su mujer.
No son los únicos que se pelean. Virginia ha subido a su habitación y saborea el dulce sabor de la victoria. En ese momento llega Verónica. El odio es más fuerte que ella y no puede controlarse. Coge a su prima por el cuello e intenta estrangularla, mientras le grita que ha descubierto todas sus maldades y que se lo contará a todos. Virginia consigue escabullirse y trata de herirla con un abrecartas. El alboroto alerta a varios miembros de la familia, que llegan justo a tiempo para separarlas.
Verónica, llena de ira, les cuenta que su prima fue la culpable de la muerte de Ricardo Platas y que tiene en su poder las pruebas para inculparla. Virginia está acorralada y no sabe cómo defenderse. Todos escuchan atónitos a Verónica.

Demetrio intenta pedir perdón a su esposa
Luego, la esposa de Azunsolo se derrumba y comienza a llorar. Demetrio quiere acercarse a ella, para pedirle perdón por todo lo que la ha hecho padecer, pero Verónica no quiere ni verle. En vano, Demetrio le ruega que hable con él, que le deje explicarse y enmendar todo sus errores, pero es inútil. Verónica está demasiado cansada para seguir luchando. Por eso, se echa en brazos de su salvador, Andrés Belot , y le pide que la saque cuanto antes de allí sin que Demetrio pueda impedirlo.
En la habitación de Virginia reina el silencio. Teodoro mira por la ventana, como ido, sin saber qué decir. Juan aún está tratando de asimilarlo todo y Sara llora amargamente.
Virginia está tumbada en la cama, con la mirada perdida. Sabe que ahora su familia adoptiva la odia. Al final, su maldad se ha vuelto en contra de ella.
Sin duda la que peor lo está pasando es la matriarca del clan. Sara siempre apoyó a Virginia y despreció a Verónica. Incluso la ayudó a casarse con su querido hijo. ¡Qué error tan fatal! Así se lo comenta a su hermana Leti, que trata de consolarla diciéndole que todo se arreglará. Mientras tanto, el pobre Juan está encerrado en su cuarto. No puede creer que la mujer con la que se acaba de casar sea tan malvada y piensa hablar con su padre, para decirle que quiere anular el matrimonio, pero no le será tan fácil. Virginia está dispuesta a seguir siendo la señora Fernández Negrete. Y planea quedarse con toda la fortuna familiar.
Con la única persona con la que Virginia puede hablar claro es Santiago, así que le llama por teléfono. En ese momento, aparece Demetrio en la habitación y ella le mira asustada, pues cree que la va a matar. Pero no es así, el hacendado le explica que ella misma arruinó su vida y que hora va a saber lo que es sufrir.
Al marcharse, Azunsolo deja a la culpable de la muerte de su hermano triste y abatida. Después se encuentra con Miranda, la madre de Verónica. Ésta le pide ayuda para recuperar el cariño de su hija. Pero él le dice que no es la persona más indicada para echarle una mano, ya que su esposa le aborrece. Mientras ellos conversan en la calle, Verónica ve la escena y se pone muy celosa, ya que no tiene ni idea de que Miranda es su madre. Días más tarde volverá a sorprender a la pareja en un bar y, despechada, le tirará un vaso de tequila a Miranda.

Verónica invierte en el negocio de Belot
Juan no puede pedir la nulidad matrimonial, ya que Virginia le ha amenazado con destruir el nombre de su familia.
Azunsolo, por su parte, está dispuesto a reconquistar a su esposa. Va a hablar con ella y la besa. La chica le corresponde, pero después le rechaza.
Más tarde, Verónica decide invertir el dinero de su herencia en el negocio de Belot. Está dispuesta a iniciar una nueva vida y ser feliz. Ignora lo mal que lo está pasando su marido. En la soledad de la hacienda, Demetrio recuerda con cariño la noche en que se metió en el cuarto de su amada e hizo el amor con ella en la oscuridad.
Virginia no se da por vencida. Ayudada por Santiago, abre una cuenta en un banco a nombre de Donato, un mafioso. Después facilitan esta información a un auditor, Terrazas, quien se presenta en la oficina de Teodoro para chantajearle.

Capítulo 8
RESUMEN DE LO PUBLICADO
: Demetrio ha ido a Guadalajara a una revisión médica. Allí se aloja en el mismo hotel en el que está su esposa con Belot. Verónica se entera de que Virginia y Juan se van a casar y se presenta en la mansión el día de la boda para desenmascarar a su prima. Mientras tanto, su verdadera madre, Miranda, ha vuelto a México para recuperar a su hija. Virginia es descubierta y Azunsolo trata de pedirle perdón a su esposa por todo el daño que le ha hecho.




Verónica no quiere saber nada de Demetrio y los esfuerzos de éste por reconquistar su amor son en vano. Más aún cuando la joven piensa que su marido tiene una amante, pues le ha visto en varias ocasiones con Miranda (su verdadera madre) y siente celos. Mientras tanto, Andrés Belot sigue comportándose como un héroe de película y trata a su protegida igual que a una reina. Verónica está dispuesta a iniciar una nueva vida. Se instalará en una casa que le ha cedido el empresario. La joven llega a su mansión acompañada de Beti. Allí, Andrés la presenta como la nueva señora de la casa y pide a los empleados que la traten con todo respeto.

La señora Azunsolo intenta rehacer su vida
Además, la sorprende regalándole un precioso coche para que pueda desplazarse libremente por la ciudad, sin tener que depender de nadie. Ella, halagada, se lo agradece sinceramente y siente mucha ternura por él. Cuando al fin Belot se marcha y las dos amigas se quedan a solas en la casa, Beti le dice a Verónica que Andrés está enamorado de ella. Sin embargo, la joven Fernández Negrete no siente lo mismo por él. Lo único que quiere es trabajar duro para rehacer su vida pronto. Aunque reconoce que Andrés ha sido su ángel de la guarda desde que empezó a tener problemas con Demetrio, Verónica no está enamorada de él y le asegura a su amiga que no quiere engañarle. Mientras tanto, en la mansión, Sara atraviesa un profundo malestar. Le gustaría borrar a Virginia de su vida, por lo mucho que les ha hecho sufrir. Leti le aconseja que hable con Teodoro y que juntos se pongan de acuerdo para negociar con ella. Lo que no saben es que en ese preciso instante, su perversa sobrina está con Santiago buscando el modo de destrozar al patriarca del clan. Pese a que el malentendido ya se ha aclarado, Verónica no consigue superar su depresión. Se confiesa con Beti y, entre lágrimas, le cuenta que espera un hijo de Demetrio. Por sus cálculos, la joven piensa que se quedó encinta la noche en que su marido la tomó por la fuerza, pero no piensa decirle nada al padre de su bebé. Piensa que, después de lo mal que Azunsolo se ha portado con ella, no se merece ni la más mínima consideración. Criará a su hijo ella sola. Beti la escucha preocupada, pero no puede evitar esbozar una sonrisa cuando Verónica le dice que ella será la madrina.
Por otro lado, Demetrio está en la hacienda y no hace más que lamentarse por haber perdido a la mujer de su vida. El doctor Moguel trata de consolarle, pero es inútil. No para de llorar y suele beber demasiado para intentar olvidar sus penas. Pepe y Carla están absolutamente drogados. Santiago es su proveedor y se dirigen a su casa para pagarle todo lo que le deben. Después, la pareja acuerda robar un coche y para ello agreden brutalmente a su conductor. No imaginan que ese hombre forma parte de la peligrosa banda de Donato. A los Fdez. Negrete se les acumulan los problemas. Teodoro está desesperado. Sabe que alguien le tendió una trampa para hacerle parecer un delincuente que se dedica a blanquear dinero con su empresa. Está muy deprimido. Al llegar a casa, habla con su esposa. Sara le dice que lo mejor será llegar a un acuerdo con Virginia para que ésta desaparezca y no haga más daño a la familia. Pero la joven está escuchando la conversación desde la escalera. Sonríe maliciosa y se va a dormir.

Demetrio y Verónica salen a cenar juntos
A la mañana siguiente baja a desayunar, pero todos se levantan de la mesa. El único que se queda para hablar con ella es Juan. Le asegura que sus padres no la quieren en casa, pero ella no está dispuesta a irse. Por otro lado, Verónica llama a la hacienda para pedirle a Gildarda que vaya a trabajar para ella en la capital. Demetrio descubre a la chica conversando con su esposa y le quita el teléfono. Intenta hablar con Verónica, pero es inútil porque ella cuelga. Poco después, la joven recibe un recado de Miranda para que se ponga en contacto con ella. Así lo hace y la mujer finge ser una clienta. Cuando Verónica acude a la cita y ve a la mujer con quien cree que Demetrio ha estado coqueteando, se marcha. Mientras, Teodoro comete el fatal error de darle dinero al abogado Terrazas, a cambio de su silencio sobre la cuenta que el traficante Donato tiene en su banco. La malvada Virginia ya tiene una prueba para atacarle. En la casa, Sara y Leti van a hablar con ella y le piden que se marche. La joven las insulta cruelmente y les confiesa que se marchará de la mansión, pero acompañada de Juan, pues no está dispuesta a dejarle. En la hacienda de Azunsolo, Jacinto y Gildarda se han puesto de acuerdo para hacer creer a Yadira que son novios. Intentan conseguir que la sirvienta se muera de celos. Su plan da resultado. Ella no para de espiarles todo el día y se pone enferma cada vez que les ve juntos. No sabe que lo único que quiere Jacinto es conocer sus verdaderos sentimientos hacia él para después casarse con ella.
Azunsolo no se da por vencido. Quiere reconquistar a Verónica, cueste lo que cueste. Por eso decide ir a visitarla. Pero su todavía esposa le pide que la deje tranquila e ironiza sobre su relación con Miranda. Demetrio no puede decirle que esa mujer es en realidad su madre y que está tratando de acercarse a ella. Está acorralado y no tiene argumentos para defenderse. Aún así, consigue que Verónica acepte salir con él a cenar. Al ver que Virginia no entra en razón, Juan comienza a tramar su venganza particular. El joven va a hablar con su esposa y le dice que está dispuesto a aceptarla, siempre y cuando ella se comprometa a seguirle siempre, vaya donde vaya. Después, le propone ir a comer algo.

Teodoro sospecha de su malvada sobrina
Al llegar al restaurante, Juan y Virginia coinciden con Demetrio y Verónica. Los dos hombres se habían puesto de acuerdo previamente para que fuera así. Ante la sorprendida mirada de la señora Azunsolo, ambos humillan a la perversa Virginia, asegurándole que muy pronto tendrá que abandonar los lujos de la mansión para trasladarse a una miserable casa en el campo. Ésa será la venganza de Juan, llevarse a su mujer a un lugar lejano donde viva como una simple sirvienta. El patriarca de los Fernández Negrete intuye que su sobrina Virginia está detrás de todos sus problemas. Por eso quiere apartarla de la fundación de ayuda a jóvenes drogadictos. Así se lo comunica a toda la familia. Sin embargo, su esposa, su hijo y la propia Verónica le hacen cambiar de opinión. Mientras la señora Azunsolo quiere ver si su prima es capaz de hacer algo bien en la vida, Juan pretende que siga trabajando allí y tenerla vigilada hasta que cometa un fallo. Teodoro no tiene más remedio que reconocer que tienen razón. Aún así, con el fin de cubrirse las espaldas, le encarga al detective Téllez que vigile el fideicomiso que abrió para Virginia y que investigue la misteriosa muerte del doctor Gilbert. En Puerto Alegre, las cosas se complican para el doctor Moguel. Irma está harta de sus desplantes y desprecios, así que decide abandonarle. Para ello, le pide ayuda al padre Williams. Huye del lugar con Gildarda y llegan juntas a la capital para instalarse en casa de Verónica.

El detective Téllez vigila de cerca a Santiago
Juan sigue dispuesto a vengarse de Virginia. Para ello, le comunica que ha pensado ceder toda su herencia a Verónica, para compensarla del daño que ella le ha hecho. El joven espera sonriente que su mujer se ponga furiosa, pero Virginia no da muestra alguna de haberse molestado. Sorprendido, se marcha dejándola sola. Ella entonces se frota las manos con malicia. Ha conseguido engañar a Juan, pero no se quedará de brazos cruzados. Por otro lado, Pepe y Carla están aterrados, pensando que han matado a un hombre muy peligroso. Temen las represalias. La familia del joven, al ver que cada día abusa más de las drogas, decide ingresarle en una clínica de rehabilitación. Él accede a permanecer allí el tiempo necesario, pero deja el recado de que alguien se encargue de cuidar a Carla y de llevarla muy lejos de la ciudad. Sabe que está en peligro. Las investigaciones de Téllez para descubrir al asesino del doctor Gilbert van bien encaminadas. Le ha pedido a Diego, hijo del difunto, que le ayude y el joven le ha hecho entrega de todos los papeles de su padre para que los revise. Pronto llega a la conclusión de que Santiago tiene mucho que ocultar. Cree que está utilizando a Pepe y a Carla en su propio beneficio.
Preocupada por el estado de su amiga, Verónica va a visitar a Carla y Juan decide ir con ella. Ninguno de los dos sabe que Demetrio está buscando a su esposa como loco. Por fin ha conseguido averiguar dónde está y se dirige a la casa para encontrarse con ella. Está a punto de entrar, cuando sorprende a El Bucles intentando robar el coche de Juan. Sin dudarlo, se abalanza sobre el malhechor y avisa a la policía. Durante la pelea, Azunsolo ha resultado herido. El escándalo ha alertado a Verónica, que sale a la calle y corre a auxiliar a su marido. La relación entre Verónica y Juan vuelve a ser tan buena como antes. En la mansión los dos hablan de sus desgraciados matrimonios, ambos fruto de una mentira. El joven le dice que siempre pueden pensar en divorciarse e iniciar una nueva vida. Verónica, entristecida, le asegura que si él decidiera dejar a Virginia, ella formaría tal escándalo que la reputación de la familia quedaría por los suelos.
Por otro lado, Azunsolo ha sido premiado por su magnífica producción de tequila y ha de ir a la capital a recoger su galardón. Le haría mucha ilusión que Verónica fuera su pareja en esa noche tan especial, así que se lo pide. Sin embargo no va a tener la suerte de que ella le diga que sí. La joven ya se ha comprometido con su tío Teodoro para acompañarle a la fiesta.
El hacendado no se toma nada bien esta negativa. Está despechado y quiere vengarse. Para ello no se le ocurre mejor idea que llamar a Miranda, la madre de su esposa, para proponerle que sea su acompañante. La mujer, con tal de estar cerca de su hija, accede encantada y se pone sus mejores galas. Cuando Verónica ve a Demetrio entrando con su supuesta amante, no puede reprimir sus celos.
Paralelamente, el investigador Téllez está cada vez más cerca de los culpables. Decide interrogar a Santiago, pero éste le echa de su casa. Después le dice a Virginia que ambos están metidos en un buen lío.



Capítulo 9
RESUMEN DE LO PUBLICADO
: Verónica le confiesa a Beti que espera un hijo de Demetrio, pero que no piensa volver con él. Además, le ha visto en compañía de Miranda, su verdadera madre, y piensa que es su amante. Por otro lado, Sara y Teodoro quieren echar a Virginia de la casa, pero no lo consiguen. Juan planea vengarse de ella llevándola a vivir a una humilde casa de campo. Azunsolo va a recoger un premio y lo hace acompañado de Miranda. Verónica, al verlos, se muere de celos.



Durante la fiesta, Verónica no puede dejar de mirar a la mujer que está con Demetrio. Miranda se arrepiente de haber ido, ya que ha notado que su hija está muy molesta. Irma está con la joven Fernández Negrete. Está bellísima y a Azunsolo le cuesta reconocerla.
Tanto Sara como Teodoro se muestran muy felices al saber que Demetrio ha sido premiado por su producción de tequila. Insisten en que Verónica vaya a saludarle, pero ella se niega, aduciendo que su marido ha venido acompañado de su amante. El patriarca del clan no quiere dar pie a más rumores y se levanta de la mesa para conversar con Azunsolo. Cuando se acerca a él y ve a Miranda, se queda helado.
Mientras tanto, Virginia, despechada porque nadie la ha invitado a la fiesta, se pone en contacto con Donato para que se vengue de su familia.
Llega el momento en que Demetrio tiene que subir a la tarima para recoger su galardón. Sin dudarlo un minuto, se acerca a Verónica y le pide que le acompañe. Ésta le pregunta si se ha vuelto loco, pero él insiste y la coge suavemente del brazo. Después, anima a Irma a que vaya con ellos. Al fin y al cabo, ella es la esposa de su socio, el doctor Moguel, y merece recoger el premio en su nombre.

Demetrio besa a su esposa en la fiesta
Cuando Teodoro le hace entrega a Demetrio de su diploma, él se lo entrega a su mujer diciéndole: “Felicidades, mi vida”, y la besa apasionadamente. Todo el mundo aplaude este gesto de profundo amor. Furiosa por la actitud del hacendado, Verónica le pide a Juan que la saque inmediatamente de allí. Mientras, Teodoro comenta con Sara lo inapropiado de la actitud de Azunsolo. Cuando Verónica abandona el lugar, acompañada de su primo y de Irma, no puede imaginar el gran peligro que la acecha en la calle. Demetrio sale detrás de ellos e intenta hablar con su esposa, pero no sirve de nada, así que vuelve a la fiesta. De repente, aparecen dos hombres y les encañonan con sus armas. En un principio, los tres creen que lo único que quieren es robarles el coche, pero los delincuentes tienen otros planes. Les golpean brutalmente, dejándoles inconscientes, les quitan todos los objetos de valor y les dejan tirados en el suelo.
Virginia se ha salido con la suya. Ha sido ella quien le ha encargado a Donato, a “El Bucles” y a sus secuaces que se venguen de su prima. Lo que todavía no sabe es que su querido marido ha resultado herido en la brutal agresión.
Por otro lado, en la fiesta nadie imagina lo que ha pasado. Teodoro está intentando consolar a Miranda. El patriarca del clan le pide que tenga paciencia, ya que Verónica es una mujer de carácter fuerte y le va costar entender que su verdadera madre aparezca así, de repente. Sin embargo, cree que acabará por entenderlo.
Irma se despierta. Le duele todo el cuerpo. A su lado yace Juan, con la cara ensangrentada. La mujer corre a avisar a la policía. En ese momento, Verónica recobra el sentido, se levanta y comienza a andar, como ida. De repente, se desmaya. Un coche que pasa por allí está a punto de atropellarla. El conductor frena en seco y, al ver a la chica llena de sangre, cree haberla golpeado. Asustado, el hombre, que se llama Antonio, decide llevarla a casa de un amigo suyo. Llegan las ambulancias y Juan e Irma son llevados al hospital. En cuanto se recuperan un poco, informan a los agentes de que Verónica ha desaparecido. Cuando Teodoro y Sara se enteran de los sucedido, entran en estado de shock. También Demetrio, que no pierde tiempo y se dirige a la comisaría para denunciar los hechos. El inspector Navas decide encargarse personalmente del caso. En el hospital, Virginia ya está al corriente de todo lo sucedido y se lamenta de haber mezclado a Juan en su cruel venganza. Llama a Santiago y se queja diciendo que ella no le pidió a Donato que hiciera daño a su marido. Paralelamente, Antonio y su amigo, al ver que la chica está gravemente herida, la llevan a la clínica del doctor Álvarez. Cuando Antonio ve en la televisión la noticia de la desaparición de Verónica, llama inmediatamente a la mansión para que vayan a buscarla. Pero el joven tiene la mala suerte de que es Virginia quien coge el teléfono. La mujer, tan perversa como siempre, finge ser una simple sirvienta y promete dar el recado a la familia, pero, lógicamente, no lo hace.

Jacinto y Yadira se declaran su amor
Verónica acaba de recobrar el sentido y le pregunta a una de las enfermeras dónde está. Además, le informa de que está embaraza y teme haber perdido el bebé tras el asalto.
Las investigaciones del inspector Navas están a punto de dar sus frutos y decide interrogar a Virginia, pues quiere saber quién podría tener motivos para secuestrar a Verónica. La chica miente y le dice que todo este lío ha sido preparado por su prima para así huir de su esposo, Demetrio. Después, para evitar que puedan implicarla, le da la dirección del hospital donde está Verónica.
Acto seguido, la policía llama al señor Azunsolo y le pone al corriente de las buenas noticias. Él se desplaza corriendo hasta la clínica y llora de emoción al ver a su mujer, que está semi inconsciente. Poco después llegan Teodoro y Miranda, preguntando por ella. Cuando Demetrio lee el informe médico de las pruebas que le han hecho a su esposa, descubre que está embarazada. De pronto, una mezcla de sentimientos contradictorios se agolpan en su corazón. En Puerto Alegre, el doctor Moguel está desesperado por el abandono de su esposa. Jacinto le aconseja que vaya a buscarla, pero él no está seguro de ser capaz de convencerla para que vuelva. Su amigo le dice que luche por ella, igual que él está haciendo por Yadira. En ese momento, la sirvienta entra en la casa. Cuando se queda a solas con Jacinto, le declara su amor. Verónica ya se encuentra muy recuperada y es trasladada a casa de sus tíos. Una vez allí, les comunica que ha decidido separarse legalmente de Demetrio. La joven está convencida de que fue su marido quien planeó la agresión. Teodoro y Sara están muy angustiados, pues se dan cuenta de que su sobrina va de un problema a otro y no soportan verla sufrir de esa manera. Al final, Jacinto se ha salido con la suya y llama a su patrón para anunciarle su boda con Yadira. Además, le pide que él y Verónica sean sus padrinos. Al verles tan felices, el doctor Moguel recapacita y decide ir a la ciudad para buscar a su mujer. Una vez allí, intenta convencer a Irma de que le perdone, pero ella se niega a regresar a la hacienda con él.

Sorprenden a Virginia hablando con Donato
Demetrio va al encuentro de Verónica para preguntarle sobre su embarazo. Ella le confirma que el bebé que espera es suyo, pero le dice que no está dispuesta a criarlo con él. Azunsolo reacciona con furia y se marcha, no sin antes asegurarle a su mujer que no está dispuesto a que nadie le prive del cariño de su hijo.
Verónica siente mucho rencor hacia su esposo y no quiere que él le arrebate a su pequeño. y nerviosa, habla con Beti y le cuenta lo sucedido. Además, le dice que ha pensado hacerle creer que el niño que espera es en realidad de Juan. Beti no puede creer lo que está oyendo y no se muestra muy de acuerdo con su amiga. Después de confesarle sus planes a Beti, Verónica llama a Juan para pedirle su colaboración. Pero primero quiere saber si fue él quien se coló aquella noche en su habitación de la hacienda e hizo el amor con ella. El chico, muy sorprendido, le asegura que a él nunca se le hubiera ocurrido hacer tal cosa. Y aprovecha para decirle que ojalá hubiera sido él quien disfrutó con ella de esa noche de pasión, porque la ama más que a nadie en el mundo. Una vez más, le pide una oportunidad. Aunque Irma, Juan y Verónica ya se encuentran bien, la policía sigue investigando el asalto. El detective Tellez ha visto a Virginia entrando en el despacho del mafioso Donato y así se lo hace saber a su tío. Teodoro, muy enfadado, habla con su sobrina y le exige que le aclaré qué tiene ella que ver con ese hombre.

Azunsolo le pide a Teodoro que le ayude
La joven, sin dejarse amilanar, pone carita de buena y le dice que sólo fue a hablar con él para exigirle que deje de vender droga, pues ella, como presidenta de una fundación que lucha contra ese problema, quiere evitar que los jóvenes caigan en eso. El patriarca del clan parece creerla. Por otro lado, Francisco Moguel no está dispuesto a darse por vencido. Aprovechando un descuido, se cuela en casa de Verónica para intentar hablar de nuevo con su mujer. Allí le sorprende Demetrio y le pregunta cuál es el motivo de su visita. El doctor se derrumba y comienza a llorar. Le confiesa a su amigo que está muy arrepentido por el trato que le ha dado a Irma en estos años y le pide consejo sobre cómo actuar. Azunsolo le promete interceder por él para intentar que ella le perdone. Pero Demetrio también tiene muchos problemas que solucionar. En vista de que Verónica está decidida a acabar con su matrimonio, busca el apoyo de Teodoro. Así, va a conversar con él y le ruega que hable con su sobrina y que la haga recapacitar, pues tiene que hacerle entender que no es justo que un padre viva separado de su hijo, ya que sería muy cruel para ambos. El marido de Sara se queda de piedra al enterarse de que su sobrina está embarazada. Más aún cuando Juan entra en el despacho y le dice que él es el padre del bebé. Azunsolo le grita que eso es mentira y ambos se enzarzan en una discusión. El escándalo alerta a Sara, Leti y Verónica. La joven decide mediar en la discusión e increpa a su marido. Le dice que no importa quien sea el padre del bebé, ya que ella lo criará sola, sin ayuda de nadie. Sin dar opción a una réplica, se marcha de la mansión y se refugia en casa de Belot.
Demetrio y Juan la siguen hasta allí. Andrés se muestra sorprendido al verlos entrar en su casa. Los dos jóvenes siguen discutiendo acaloradamente y terminan golpeándose el uno al otro. Belot les echa.



_________________

NO AL CIERRE DE LOS FOROS DE MUNDOVISIÓN.
Volver arriba
Ver perfil de usuario Enviar mensaje privado
Mostrar mensajes de anteriores:   
Publicar nuevo tema   Este tema está cerrado y no puede editar mensajes o responder    Portal » Foros de discusión » Foros De Fans » Guy Ecker Todas las horas son GMT + 1 Hora
Todas las horas son GMT + 1 Hora
Página 1 de 1


 
Cambiar a:  
Puede publicar nuevos temas en este foro
No puede responder a temas en este foro
No puede editar sus mensajes en este foro
No puede borrar sus mensajes en este foro
No puede votar en encuestas en este foro


Mapa del sitio - Powered by phpBB © 2001- 2004 phpBB Group
Designed for Trushkin.net | Styles Database

Crear foro | foros de Series | | soporte foros | Contactar | Denunciar un abuso | FAQ | Foro ejemplo